No sé si será la primavera o qué, pero tengo un día de angustia... y parece que la angustia se reproduce por ósmosis, porque cuando empiezo a buscar la razón de mi malestar anímico, no me bastan con las razones personales que pueda o no tener, sino que automáticamente pienso en la sociedad en la que vivo, y en todo lo que me genera estar inmerso en ella. Eso, lejos de ayudarme a salir de mi angustia, claramente la acrecienta. Y hoy escribo desde la angustia, y no desde el enojo... aunque seguramente al final de esta entrada, admita haber terminado sacado.
Hoy me pregunto qué hacer, que esté a mi alcance, para no dejarles este país a mis hijos. Y realmente la pregunta se me torna abstracta, lejana... pero voy a volver a los orígenes del Blog, desde aquella vez que escribimos con Maia sobre La felicidad. ¿Por qué? Porque me sorprende la cantidad de gente con la que he hablado últimamente que se siente derrotado, desilusionado, perdido (como yo), pero que considera que ya no hay nada por hacer, que sólo tenemos que poner el lomo, y dejar que nos peguen.
Claro que en Argentina el escenario para creer eso es perfecto: el modelo de país oficial, que considero AUTODESTRUCTIVO, y lejos de mis ideales y valores, obtuvo un 51% en las últimas estadísticas nacionales... digo, en las últimas Elecciones Internas, en base de clientelismo y mentiras. Además de eso, el escenario opositor no entiende que el 50% restante depositamos nuestras esperanzas en ellos, y lejos de desafiarse, también se sienten derrotados.
Pero, ¿qué hizo la oposición para evitar ese resultado? Creo que era claro el panorama (aunque debo admitir que me sorprendió la cantidad de electores: yo esperaba entre el 40 y el 45% para el oficialismo), porque la oposición en nuestro país tiene dos grandes defectos:
1) Se encuentra ferozmente fraccionada, producto de la gran cantidad de personas que quieren encabezar listas, y la escasa cantidad a la que no le preocupa el cargo, sino trabajar.
2) Se conforma con CRITICAR el modelo oficial, y no propone (o no difunde) un modelo CLARO de país, alternativo al actual, que motive la elección de otros caminos.
Una parte de quienes no aceptamos el modelo K de país, toma la misma postura que la oposición: se siente defraudado, agacha la cabeza, y se somete (como siento que están haciendo los dirigentes opositores).
Otra parte, recuerda que hay algo que nadie va a poder sacarnos: los IDEALES. Sí, eso que parece abstracto, y poco, es lo único que necesitamos para lograr grandes cambios. Nadie jamás logró ningún gran objetivo, si no creyó en lo que estaba haciendo antes. Y yo creo tenazmente que otro país es posible.
Otro país, donde la política sea entendida como la noble tarea de trabajar por los ciudadanos, y no una mera arma de poder y enriquecimiento ilícito... un país donde los pilares sean la educación, la seguridad, el trabajo, la honestidad, y no en el que se fomente el clientelismo, la falsa educación, la inseguridad y la mentira a costa de intereses meramente sectoriales.
Yo soy un convencido de que las personas con ideales firmes son las que más lejos llegan, y no aquellas que dejan caer sus creencias más abajo del suelo. Y para responder a la pregunta que me hice al principio, qué hacer, que esté a mi alcance, para no dejarles este país a mis hijos, respondo con voz bien firme: NO DEJAR CAER MIS IDEALES, porque son escenciales para lograr un cambio.
PD: Efectivamente, terminé sacado (:

Como de costumbre, excelente. Te banco amigo, muy buena.
ResponderEliminarSi, sintética pero clarisima.
Aquí contigo siempre!
me encantó
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