jueves, 6 de octubre de 2011

¿En qué estamos pensando, hacia dónde vamos?


Hace media hora, mientras leía uno de los relatos del libro "La hermandad del honor", de Jorge Fernández Díaz, cuya primera edición fue realizada en el año 2010, me dio bronca y pensé que debía verter acá mis conclusiones sobre el cuento en el Blog.
El cuento en cuestión es "Alcohol, pastillas y ojos azules". Narra la historia de Laura, una militante de los años 70 que cayó, producto de sus penas y fantasmas personales, en la adicción: vino para desahogar los lamentos, anfetaminas para adelgazar y clonazepam para dormir.
Luego de una larga lucha, Laura pudo escapar de su adicción, o mejor dicho, ganarle. Estuvo internada Casa del Sur, un centro de recuperación con algunas medidas de seguridad, que intenta revertir situaciones como las de ella, y otras similares.
Hoy en día, Laura trabaja como operadora en esta Institución, y cuenta con horror cómo ayuda a chicos víctimas del paco a recuperarse. Se siente militante otra vez, pero esta vez, con otra mirada: la social, la ayuda al desprotegido, al marginado. Cree que estas personas necesitan ayuda, contención, compañía, porque su única compañía sino, es la adicción, que marca su camino y decide por ellos.
Todo suena muy lindo: hay un instituto que ayuda a los adictos a salir del flagelo... pero, ¿qué hay atrás de Casa del Sur? Si analizamos las aristas de esta situación, podemos encontrar dos puntos importantes:

1) La existencia de una situación agravante para la sociedad, como lo es la droga, teniendo en cuenta cómo se consigue, dónde, en qué lugares está presente, a quiénes afecta y demás.

2) Qué se hace, cuáles son las acciones tendientes a que una situación tan peligrosa para nosotros como sociedad, a corto plazo disminuya, y a largo plazo, tienda a desaparecer.

Respecto a la primera (existencia de la problemática), tanto el autor del relato, como Laura hablan de falta de contención y comprensión en una sociedad que tiende a excluirlos. Consideran que en muchos casos se trata de eso: menores que viven una situación hostil, una existencia que sólo conoce el odio y el desprecio a una vida a la que no tienen nada para agradecerle. Hoy en día los adictos al paco surgen de los sectores más humildes y marginales.
A esto, debe sumársele que muchos de ellos son hijos de los planes sociales, inmersos en una realidad de pasividad, de la cual debe sacárselos, para darles una oportunidad en el mundo del trabajo, y que de este modo puedan conseguir esa razón para vivir, cuya falta los metió en el flagelo. La carencia de esas oportunidades, harán que vuelvan a caer, salvo que las consigan por sus propios medios.
Laura considera, siendo voz autorizada al respecto, que el conurbano está plagado de estos chicos sin ganas, sin lugar y sin destino.
El paco se fabrica manualmente con elementos poco costosos económicamente, pero con efectos muy caros a la salud y a la vida de los jóvenes. Es muy fácil tener acceso a él, y es moneda corriente en los sectores marginales de nuestra sociedad.

Ahora bien, y yendo a la segunda arista de este análisis... qué se hace con esta problemática que es una realidad, innegable y propia de nuestra sociedad, para que disminuya y deje de existir...
Laura cuenta en su libro que a partir del fenómeno del paco, los profesionales dedicados a la adicción no dan abasto. Comenta que tienen 500 chicos en tratamiento, y un atraso de seis meses en los subsidios correspondientes. En Casa del Sur hacen malabarismos para que los fondos alcancen, y que no falte nada a ningún chico, y logran muchas cosas, a pulmón y por su propia fuerza de trabajo.
Es paradójico pensar que un país con esta problemática, la intervención del Estado en este área sea tan floja, siendo un campo decisivo y preocupante de nuestra realidad.
Incluso, hay medidas y proyectos de medidas SUPUESTAMENTE progresistas, que tienden a dar libre tratamiento a los menores adictos, es decir, dejarlos "curarse" por sus propios medios. ¿Qué medios? ¿Aquellos mismos medios que los arrojaron al flagelo, a la droga, a la muerte en vida? ¿Qué pasa por la cabeza de estos legisladores que impulsan leyes con estas características? Los adictos no pueden dejar el paco, porque el paco decide por ellos. Como textualmente plantea Fernández en su texto, "El adicto no puede tomar una decisión a su favor solo, porque no esta solo, sino mal acompañado". Compañía, de la buena es lo que necesitan los niños marginados, y bajo este flagelo. Compañía de la buena: contención, cuidado, cariño, algo similar a una familia. Eso es precisamente lo que brindan estos institutos, como Casa del Sur... pero paradójicamente, en nuestro país se encuentran desamparadas las instituciones de este tipo, impulsadas únicamente por la garra y el trabajo de voluntarios como Laura y otros tantos, y tienden a no existir más.
Del mismo modo, la legislación tiende a que desaparezcan los hogares de niños... una legislación muy desnuda, y carente de eficacia en la realidad. ¿Por qué negar a los niños la posibilidad de que crezcan dignamente, y con los cuidados necesarios, por un simple y mero idealismo?
Asimismo, los planes sociales no brindan a las personas oportunidades de valer por sí mismas, sino que someten los someten a una condición pasiva de receptores de sumas de dinero a cambio de nada. Esta cultura del plan social, no da a las personas oportunidades para valer por sí mismos, razones por las que levantarse todos los días y pelearla... Total, todo se recibe de arriba. Los planes sociales NO son trabajo, y es lo que hoy en día abunda. En contraposición, son fuentes laborales dignas y formales lo que deben generarse. Pero claro, eso no origina tantos votos... Los planes sociales reducen la dignidad de la persona a nada, y fomentan el comodismo.
En un contexto así, donde los subsidios a instituciones como Casa del Sur se adeudan, donde los lugares de contención de niños tienden a desaparecer, donde la cultura del trabajo parece estar en extinción, no resulta raro que el flagelo gane lugar, en lugar de cederlo. ¿Dónde están las autoridades? Contando un cuento bonito de apariencia, pero insolvente en la praxis.
No es una problemática ajena a nosotros, y mucho menos, teniendo en cuenta que las medidas que se toman son regresivas, en lugar de ganar lugares a favor. ¿En qué estamos pensando? ¿Hacia dónde vamos? Vaya uno a saber...

2 comentarios:

  1. Excelentes palabras. Siempre el acto de expresarse en un escrito es valor. Y sobre todo por lo que se plantea. Mis felicitaciones y aplausos de pie.

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  2. Adhiero a Leticia.
    Desde ya sabes que voy con vos. Que cadena interminable, que circulo vicioso!

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