La raza humana “Honesta” está en camino de extinción, creo que a esta altura no es novedad. De lo que sí está lleno, es de falsos honestos. Honestos en apariencia a los que el tiempo se encarga de desenmascarar. Y esto es aplicable en todo contexto, no sólo en el ámbito de la política o de la justicia, de los que suelo escribir. Esto se ve, más que nada, en la cotidianeidad, en el trato con las personas, que muchas veces suele subestimarse, menospreciarse, pero que es todo un arte realmente. No es fácil establecer relaciones, aunque parezca, pues solemos confundir falsedad con relación exitosa, y lo cierto, es que se parecen muy poco: cuando la falsedad sólo da beneficios ilusorios, transitorios, mientras que la relación exitosa es honesta, y garantiza un vínculo valioso, de aquellos difíciles de construir, pero que siempre están cuando se los necesita. Justamente esa es la característica de la persona honesta: vivir de acuerdo a cómo piensa y siente, coherentemente a sus propios principios. Pero como siempre, la gente tiende a involucrarse con las mayorías y las masas populares, que poco tienen de honestidad, que no intentan construir su identidad propia, sino que terminan aceptando patrones impuestos por la moda, que muchas veces incluso, se contradicen con lo sus propios pensamientos, pero… ¿qué importa? Si estás a la moda… Lo cierto es que debería importarnos, aunque muchas veces, ser honesto implique no usar lo que todos usen, no hacer lo que todos hagan ni pensar como todos creen pensar. El problema, como siempre en los grupos minoritarios, es que la persona honesta suele, al ser fiel a sus principios y no dejarse influenciar por baratería, remar contra la corriente, lo cual implica pensar dos veces, no dejarse llevar por delante, seguir afín a los objetivos propios, actuar en la línea de ideas que parecen correctas por más de que haya mucha gente atrás que no lo crea así, entre otros casos, que pueden ser confundidos por egoísmo, por malhumor, por pertenecer a una persona difícil de llevar, pero significa mucho más que eso: significa tener objetivos claros, significa avanzar tal y como se piensa. ¿Y qué más que eso se puede pedir? Creo que es lo más importante, aún cuando el costo sea que las mayorías no estén de acuerdo con uno. Tal vez la persona honesta sea vapuleada por la gente que dice más de lo que hace, tal vez sus objetivos no siempre puedan ser cumplidos porque esa misma gente se encarga de trabarlos, tal vez ni siquiera tenga gran cantidad de “amigos”, de los que sí tienen los poco honestos. Pero ¿qué queda, cuando nada nos queda? La seguridad de llevar la frente alta, porque siempre fuiste de frente, acorde a tus principios y pensamientos, algo que MUY POCOS tienen el orgullo de vivir.
Como siempre, excelente.
ResponderEliminarYo si, tengo un amigo honesto