martes, 8 de marzo de 2011

Una de dos: o nos mienten, o no les importa-

Ayer mientras cenaba escuchaba junto a mi familia un programa de televisión de debates sobre la actualidad, del cual participan gran cantidad de importantes figuras de la política local. El tema en cuestión del programa era nada más y nada menos que las drogas. El conductor preguntaba a cada debatista su postura respecto a la situación actual, y también como harían mara erradicar el problema.
Realmente me da mucho que pensar el hecho de haber escuchado respuestas básicas, chatas, típicas de una pesona que, no solo desconoce el problema en cuestión, sino que también conociéndolo no lo analiza inteligentemente. No me refiero a su análisis de la actualidad de la drogadicción, panorama que ellos seguramente tienen más claro que yo, y que muy bien explicaron, pero a la hora de dar su opinión de cómo rebatir esta situación, las respuestas no fueron mucho más allá de enviar a la policía a controlar, de que las madres salgan a hablar en los medios y den a conocer sus casos, o que se formen uniones de madres aliadas para buscar respuestas. También dijeron que debían allanarse los puntos de venta que todos conocen, y que esas personas debían ir presas. Hablaron de impulsar la presencia de centros de rehabilitación, de que existan lugares de contención, de que deben existir más y mejores fuentes de trabajo formal...

Todas estas cosas son ciertas, no las niego ni las discuto. Pero también estoy convencido de que no acaban con el problema en cuestión. Pienso que son respuestas meramente primarias, sin elaboración ni compromiso, o con un gran engaño de atrás. Una de dos: o nos mienten, o no les importa. Cualquiera de las dos es igual de mala.

En mi opinión, con voluntad todo se logra, y si hubiera verdadera vocación de ver crecer nuestro país y certeras intenciones de acabar con la drogadicción, se tiene que atacar al problema en su orígen, no en su último eslabón, se debe ir por el núcleo del sistema, no por la capa más externa: se tiene que lograr que por los aeropuertos no ingrese droga ilegal, que en los barrios no exista el paco, que quienes expenden y reparten paguen sus condenas, y no que los consumidores (pobres víctimas de una larga cadena) tengan maneras de afrontar el problema. Eso es básicamente aceptar a la droga entre nosotros, que está, pero también debemos afrontar los riesgos que significa hacer frente a la situación. Si los políticos desconocen esto (dudoso), realmente poco espíritu de servicio social tienen, y ocupan sus cargos públicos por poder o por conveniencia propia, pero no por convicción. En el peor de los casos, no les interesa acabar con el problema, y a esto solo le encuentro un lado posible: están involucrados.

Todos sabemos en nuestros pueblos, o en los barrios si la ciudad es grande, quién vende. Todos sabemos que la policía nada puede hacer. Todos sabemos que allanar es de gusto, porque enseguida surge otra persona que se encargue de vender...

Solo espero que por una vez se antepongan los intereses de miles de inocentes que día a día se enfrentan a la oferta de sustancias prohibidas, a los intereses económicas de los más poderosos, ya que la educación necesaria a los jóvenes para que sepan decir NO a lo que los perjudica, tampoco la tenemos, pero eso es otro tema. Lo único que parece ser, es que esto se ha vuelto un círculo vicioso en el cual las víctimas y los cómplices están muy claros.

1 comentario:

  1. Es así lauti lamentablemente todos sabemos quienes la venden, son gente de clase alta con cierto poder en la comunidad como para salir "preso" de su casa y a la semana estar haciendo actividad fisica con sus socios

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