lunes, 24 de enero de 2011

Crónica de una Jornada Biónica.

“Che, Mai, vamos a ver a Tan Biónica el 21 a Daireaux”; “Dale, vamos”. Así empezó todo, un delirio más entre tantos proyectos a futuro que hago. A 365 días del frustrado intento anterior, nos decidimos y concretamos el proyecto de decir presentes en un recital de Tan Biónica, junto a Maia y Lauti Pérez.
La partida fue cercana a las tres de la tarde, cuando Eliana y Maia pasaron en la Roberta por Lau y por mí. El viaje fue tranquilo, escuchando Obsesionario, Calle 13 y cosas raras que llevó Lauti, una vez que Mai logró enchufar el aparatito de la música perteneciente a la Jime. Llegamos a Urdampilleta y ahí empezó la Jornada Biónica que tengo el agrado de presentarles en este escrito que prometí realizar.

Maia nos mostró todo Urdampilleta: el centro, la casa de sus primos, de sus púberes aventuras y de los abuelos de alguna carhuense, para después saludar a Nico y Jairo, ir a la farmacia, esperar media hora a que me compre el medicamento para no cortarlo, y evitar que mamá me corte otra cosa y posteriormente volver a lo de los abuelos de Mai, buscar a Eliana e ir a Daireaux. Así lo hicimos, parando antes en una estación de servicio, donde Mai compró sanguchitos, gaseosa y alfajores, y Lau y yo nos vestimos decentemente. Eliana nos llevó a la terminal, y ahí comenzó nuestro vagaje por las calles daireuxenses, dareuxinas, o como quiera que sea: averiguamos horarios de micros, y paaaaaaaaaaaaf, segurísimo llegamos! El show arranca a las 12 ;), asíque fuimos a reconocer el boliche donde la íbamos a agitar hooooooooras después. Ahí me mandé a comprar las entradas, una locura, LAS TENÍA EN MIS MANOS, YA ESTABA ADENTRO! Una locura, creo que todavía no caía ahí de que faltaba tan poco. Después mantuvimos un cordial diálogo con un señor de mirada muy particular, que nunca nos quedó muy claro qué función tenía dentro del boliche, pero lo importante nos dijo dónde estaban hospedados los chicos de la banda, y nos comentó que el flaco que estaba al lado nuestro era parte del staf (mirá que loco, ni hola nos dijo).

Con el dato en nuestro poder, nos dirigimos al hotel donde se hospedaban los Tan Biónicos (seguidores los pibes ehhh), ahí nos sentamos afuera, y empezó una catarata de dudas y sospechas exóticas: Maia puso caras raras porque los chicos no salían, Lauti confundió a Chano con Pablito (claro, tienen de parecido lo blanco del ojo), yo me animé a decir que un loco de malla violeta formaba parte de la banda, todo, hasta que Maia utilizó sus encantos de mujer, y consciente de que Diega estaba en el hotel utilizando su computador móvil, se dirigió a la ventana y le agitó sus manos en señal de saludo, consiguiendo lo que no conseguimos con Lauti en media hora de estar parados ahí: que Diega salga a saludarnos. El flaco totalmente buena onda, se sacó fotos con nosotros, habló como quince minutos, nos preguntó cosas, nosotros a él, nos presentó a Pablito y al otro que es parte del Staff, que ahora era simpático (mirá que loco, en el boliche ni nos saludó), Diega retó a unas que le pidieron que les firme el CD que era trucho y ni sabían su nombre, y bueno, le dimos pena, pero tuvo que seguir con su rutina de descanso pre show. Nosotros embobados, y sin creer lo que nos pasaba, seguíamos naufragando por la hermosa (?) ciudad de Daireaux. Pero claro, un detalle! No sabíamos cómo cadorcha nos íbamos a volver todavía. Movimos algunos contactos, pero nada conseguimos, asíque nos quedamos sacando cuentas para que el show terminara tipo 3:45 y llegar a tomar el micro de 4.15. Apoyamos nuestro trasero en la plaza, y los pobrecitos Maia y Lauti tuvieron que escuchar mis historias de vida berretas, pero buá era lo que había para pasar el tiempo, hasta que se hizo la hora de cenar. Después de una larga espera, un fallido tostado de pan árabe, un enorme esfuerzo para que Pérez deglutiera dos minúsculas porciones de un pequeño tostado, nos dirigimos a dar otro yiro, antes de meternos en otro pub, que parecía copado, pero que resultó una mezcla de bar, pub, bailanta, confitería, boliche y recital de ignotas canciones de cumbia, tomamos (tomé) un freeze pequeño, no nos dieron cartas (?) y cortamos a cantar un poco, y a esperar después afuera de Ghost. Alta calentura se empezaba a engendrar en nosotros cuando se hacían las dos de la mañana, y todo lo que habíamos conseguido era un amigo que se hizo el simpático producto de su inminente consumo de sustancias alucinógenos, pero de boliche y recital, ni noticias por ahora.

Un par de amagues mediante de llegada de los Biónicos, abieron la puerta del bolichongo, y nos dispusimos a entrar. Los minutos pasaban, y nuestras esperanzas de ver el recital completo, pasaba más todavía. El lugar muy lindo, copada la música, toda la onda, pero había dos problemas: no vendían fernet de litro, y Tan Biónica no llegaba, y eran las 3 de la mañana (recordatorio: a las 4:15 teníamos el micro de vuelta).

Aproximadamente 3 y media sucedió el milagro: llegaron Chano y su troupe al escenario. Maia y yo, en secreto, decidimos que nos importaba poco en qué volver, nos quedamos y fue. Lauti se quedó un poco engañado, un poco consciente (intentamos convencerlo dos horas y media de que al otro día volvíamos por algún medio, aunque sea a dedo, pero yo sin ver a Tan Biónica NO ME IBA).

El recital fue LO MEJOR, 16 canciones, 16 historias que le pertenecían enteramente a Chano, que las interpretó con una pasión inigualable. Jamás me imaginé que en vivo tenían tanta magia, tanta adrenalina, tanta fuerza y que me iban a hacer delirar tanto. Fue lo mejor, inmejorable. Se pasó tremendamente rápido, entre gritos, cantos, fugaces miradas, Fátima que casi se vuelve con un ojo menos a su casa, que cuando dijeron “chau” solo miramos la hora y eran las 5 de la mañana. Ya estaba, el micro seguramente ya debía estar más cerca de Carhué que de Daireaux, asíque nos íbamos afuera a decidir qué hacer con nuestras personas solas y desoladas en la city dairauxense, daireuxina, o como sea, lo mismo da, pero escuchamos a Américo, y bue, qué le hacen tres minutos más, bailoteamos ese tema y nos fuimos a la terminal a ver si podíamos hacer alguna extraña combinación que nos aproxime a nuestra ciudad.

Creo que nuestro trasero fue tal, que entre los tres formamos algo muy parecido a la Coordillera de los Andes, porque resultó ser que agarramos al micro con retraso, y haciendo extraños pedidos de favores, logramos regresar.

Solo nos quedan recuerdos de esa jornada biónica totalmente psicótica, ligera y delirante, pero más que conformes con los resultados, y de haber vivido una noche perfectamente denominable Del Huracán.




No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias...

... por compartir este espacio conmigo.